Lectores asiduos

viernes, 20 de mayo de 2016

Iker y las operaciones de falsa bandera. Pearl Harbor

 
 
False flag operations:
     En Cuarto Milenio Iker Jiménez se ha atrevido a tocar el polémico asunto de las operaciones de falsa bandera invitando a Pedro Baños, una decisión inteligente como muestra el extenso currículo del militar en reserva.
     Las operaciones de falsa bandera, (false flag operations) son aquellas operaciones encubiertas llevadas a cabo por Gobiernos e incluso corporaciones. Están diseñadas con el malévolo objetivo de llevar a engaño a las sociedades respecto a la autoría y la naturaleza auténtica de una acción o suma de acciones. El nombre proviene de la práctica militar de izado de pabellones falsos. Un ejemplo ya conocido fue el lamentable caso de la Operación Gladio. Hay muchos casos de operaciones de falsa bandera, unas ya admitidas y otras no. Es mi deseo tratar algunos de esos casos por los que ronda el misterio, que son curiosamente los no aceptados por la versión histórica ortodoxa, (que son a mi entender son los más interesantes). Expondré una serie de datos y los lectores que extraigan sus propias ideas.
     Los libros de historia contemporánea afirman que el militarista Imperio japonés atacó a la pacífica y democrática República de los Estados Unidos de América por medio de un acto traicionero y absolutamente inesperado, para las más altas responsabilidades político-militares de la enorme nación americana. El Japón agredió a los Estados Unidos para que estos no interfirieran en su amoral e ilegal expansión militar por extensas tierras del Pacífico e Índico. El Japón de aquel entonces era una nación moralmente corrompida, que anhela esclavizar a pueblos pacíficos y civilizados.
     Bien.
     Esta canónica narración pretendidamente histórica narra que tras un destructor ataque la mayoría de las grandes unidades navales norteamericanas causaron baja, algunas definitivas y otras temporalmente… salvo los portaviones, que casualmente se hallaban fuera de su base de Pearl Harbor. Posteriormente los Estados Unidos militarizaron en gran medida su economía, convirtiéndose en el arsenal de la democracia-liberal y los luminosos valores de las Revoluciones Atlánticas, y tras mucho batallar derrotaron al fascismo y al militarismo totalitario nipón llevando al mundo a una etapa de luz y verdad. 
      ...
     Los datos jamás han sido omniexplicativos, es menester acceder a ellos, hacer acopio de los mismos e interpretarlos coherentemente.
    No obstante hay datos que contienen una potente carga lógica, por eso las informaciones que mostraré a continuación no creo que lleve a los lectores a confusión, todo lo contrario. 
 
El ataque:
     La Armada Imperial Japonesa lanzó un ataque a Pearl Harbor en la mañana del 7 de diciembre del año 1.941. El ataque a Pearl Harbor, en la isla de Oahu, en Hawai fue dirigido a la flota del Pacífico de la Armada de los Estados Unidos y las fuerzas aéreas que defendían la base.
    Dicho ataque, que, según la historia oficial fue una “sorpresa” para los estadounidenses llevó a la destrucción a 13 buques de guerra americanos y 188 aeronaves militares. 2.403 militares y 68 civiles estadounidenses murieron. 
 
Antecedentes:
     Antes que nada es muy conveniente dejar claro que el concepto militar de “ataque sorpresa” no es en absoluto ignorado por los militares profesionales. Este principio de la sorpresa consiste en crear una situación inesperada y peligrosa para el enemigo, frente a la cual no pueda reaccionar en un tiempo oportuno. Mientras esta reacción no se produzca o hasta que sea eficaz se mantiene la iniciativa. La iniciativa, o libertad de acción consiste en intentar impedir la maniobra del enemigo, dirigiendo la propia contra su objetivo, con el fin de asegurarse la iniciativa. Se la puede definir como la facultad para decidir y realizar planes, a pesar de la voluntad y actuación del enemigo. Por otra parte, como dijo Clausewitz la sorpresa dentro del arte de la guerra es una realidad independiente e incide radicalmente en la moral del enemigo como de las propias fuerzas.
     Por lo tanto el ataque sorpresa es una realidad evidente por los teóricos de la guerra, no es una especie de herejía o práctica anómala… aunque sea imprevisible, o al menos se intente que lo sea. ¿Lo consiguieron los nipones en Pearl Harbor? Lo veremos más adelante.
     En las horas nocturnas del 8 de febrero del año 1.904 la armada japonesa lanzó un ataque sorpresa en Port Arthur iniciando así la guerra contra el Imperio Ruso, el golpe fue desastroso para los intereses de Rusia. Es muy curioso comprobar como la visión de los creadores de opinión británicos de 1.904 fue bien distinta a la de 1.941. Evidentemente las necesidades de ciertos grupos de poder, (británicos o no) eran radicalmente diferentes. Incluyo un fragmento del texto del diario The Times de febrero de 1.904:
      La Marina japonesa, gracias a la varonil decisión del Mikado y sus consejeros, ha tomado la iniciativa y ha iniciado la guerra mediante un acto de audacia…
      “…Debido a su posición en la ensenada exterior, los buques rusos estaban desplegados, e invitaban a atacar. La invitación fue aceptada con tal prontitud y puntualidad, que hacen mucho en honor de la Marina de nuestros valientes aliados… El efecto moral de esta hazaña promete ser enorme, y puede influir y dar color a toda la marcha de la guerra… Con estos actos de fuerza, la Marina japonesa se ha beneficiado de la iniciativa, y ha establecido el dominio y maestría moral sobra la situación”.
     Llamativo como cambia el enfoque histórico. Lo que ayer fue un acto viril, valiente y acertado luego no fue más que infamia, cobardía y locura… Muy orweliano todo. 
     La verdad no existe, esta se actualiza según el signo de los intereses parciales.
     En 1.938 se firmó la Ley de expansión naval de los Estados Unidos con una fuerte oposición de los republicanos. Así que la ya poderosa, aunque un tanto vetusta flota de los Estados Unidos de América crecería aún más. Siempre se habla de las casi inexistentes fuerzas de tierra y aire estadounidenses, pero normalmente se pasa de puntillas en lo que se refiere a la Armada, que se componía a su vez de varias flotas.
     Los militares de los Estados Unidos realizaron múltiples “juegos de guerra”, (una versión complicadísima de los wargames comerciales). Por ejemplo, en 1.932, durante los ejercicios Grand Joint del Ejército y de la Armada de los estados Unidos el atacante; Almirante Yarnell ataco con 152 aviones media hora antes del amanecer a una distancia de 60 kilómetros al noreste de Kahuku Point, pillando a los defensores de Pearl Harbor por sorpresa. Era domingo, así que su informe determino que la mejor manera de atacar Pearl Harbor era una mañana de domingo desde el mar por medio de aviación embarcada. En 1.938 el Almirante Ernst, en otro ejercicio lideró con éxito un ataque aéreo desde el portaviones USS Saratoga contra Pearl Harbor. Esto nos tiene que dejar bien claro que los militares no ignoraban el peligro real de un ataque nipón contra la enorme base aeronaval.
     Se afirma en ciertos libros especializados que los militares de la Armada americana consideraban imposible que se dieran ataques con torpedos contra los buques estacionados en los muelles de Pearl Harbor. La razón es que la profundidad de aquellas aguas era escasa, pero esto no es del todo cierto. El 11 de noviembre de 1.940 21 biplanos Swordfish pertenecientes a la Royal Navy destruyeron una importante porción de la flota italiana, incluyendo 3 acorazados en el puerto de Tarento, al sur de Italia haciendo uso de torpedos capaces de operar a escasa profundidad. Fue un ataque sonado y muy estudiado por los militares de todas las principales naciones. De hecho, el 10 de julio de 1.941 El Agregado Militar de USA en Tokio, Smith-Hutton reportó a su país que la Armada Imperial Japonesa estuvo practicando en secreto ataques aéreos con torpedos contra grandes barcos surtos en la Bahía Ariake, esta se parece mucho a Pearl Harbor.
     En 1.940 Franklin Delano Roosevelt ordenó transferir a la flota desde la costa oeste a Hawai, era su deseo que permaneciese surta en Pearl Harbor. El almirante Richardson opinaba, y con razón que aquel lugar no disfrutaba de la adecuada protección contra ataques aéreos y tampoco contra ataques con torpedos, (las maniobras no habían sido olvidadas). Richardson creía firmemente en lo que decía, por eso desobedeció en dos ocasiones las órdenes acerca de la partida de aquellas unidades de la Flota. Eso le costó el cargo en octubre, encontrándose personalmente con Franklin Delano Roosevelt en octubre, su sucesor, el almirante Kimmel también tuvo las mismas discusiones con el Presidente en junio de 1.941.
     Llamativa decisión, y llamativa terquedad.
     Las aviesas intenciones de Rooselvelt, cabeza visible de grupos de intereses nada visibles pueden ser evidentes para aquellos que estén dispuestos a leer un cierto número de libros que, como la bibliografía indica no son nada extraños o “dudosos”.
     Antes de la declaración de guerra de la Alemania nazi en 1.941 Roosevelt agravó el estado del conflicto en el océano Atlántico al aceptar que los convoyes fueran escoltados hasta Islandia por buques de guerra norteamericanos. En Washington justificó la ilegal medida afirmando que no tenía mucho sentido suministrar pertrechos a Inglaterra sin intentar al menos asegurarse de que llegasen a su destino. Esta rocambolesca argumentación permitió salir a flote. Roosevelt había rebasado con mucho los límites de la estricta neutralidad. En una fecha tan temprana como el 8 de setiembre dio órdenes de atacar primero contra los sumergibles alemanes. Esto alegró mucho a Churchill.
     Pownall, adjunto de Hill como jefe del estado Mayor General del Imperio, escribió en su diario:
     “Roosevelt se muestra muy favorable a entrar en la guerra, y lo antes posible… Pero dijo que él no declararía nunca la guerra, lo que desea es provocarla”.
 Pownall, op. Cit., vol. I
 
     En otro volumen nada sospechoso de conspiranoico o fascistoide, (A Puerta Cerrada, del autor Laurence Rees) Churchill afirmó que:
      Rooselvelt le aseguró que estaba resuelto a hacer la guerra, aunque no ha declararla
 Dallek, op. Cit., p. 285.
 
     Sea como sea, quien quiera profundizar sobre las provocaciones de los Estados Unidos y ataques directos de la Armada de los Estados Unidos de América contra Alemania antes de la declaración de guerra de diciembre puede consultar las memorias de Karl Dönitz, está disponible a muy buen precio en la editorial La esfera de los Libros.
     Hago referencia a estos acontecimientos porque ilustra a la perfección el talante del señor Roosevelt, sus colaboradores y demás. Las malas artes de estos líderes para forzar a los demás a dar el paso decisivo para así anular las fortísimas tendencias aislacionistas de la mayoría de la población de los Estados Unidos se muestran en toda su imaginativa magnitud. Esto nos hará comprender las extrañas jugadas en el Pacífico.
     El 27 de enero de 1.941 El Dr. Ricardo Shreiber, el embajador peruano en Tokio le contó a Max Bishop, tercer secretario de la embajada de los Estados Unidos que había averiguado, merced a sus fuentes que existía un plan que implicaba un ataque aeronaval por sorpresa a Pearl Harbor. Esta información fue despachada al departamento de Estado, a la Office of Naval Intelligence y al Almirante Kimmel en Hawaii. Joseph C. Grew, el embajador de USA en Japón, cablegrafió a Washington esta información.
     Los planificadores de la Marina de los Estados Unidos siempre habían asumido que el Imperio Japonés, en caso de inicio de hostilidades atacaría a la Flota americana allí donde estuviera. Esto era así porque la Flota era la única, aunque poderosa amenaza contra el Japón. Lógicamente el Japón no podía efectuar operación alguna de envergadura con la U.S Navy merodeando en su flanco. Las opciones estratégicas de los japoneses eran bastante limitadas. Todas sus opciones pasaban por la Flota estadounidense, eso lo sabían tanto los nipones como los americanos.
     Tiempo después de la derrota de Francia por parte de Alemania Japón envió un ultimátum a los franceses del Gobierno de Vichy exigiendo la entrega de bases aéreas, terrestres y navales en Indochina. Este deseo japonés les permitiría cerrar el dogal sobre China con mayor eficacia, puesto que los americanos suministraban a la resistencia china a través del puerto de Hai Pong. A esto habría que sumar un mejor acceso al Índico. La ocupación se materializó en septiembre de 1.940, tras algunos combates contra tropas francesas.
    
Los Estados Unidos de América reaccionaron congelando todos los bienes japoneses en su territorio, siendo seguida dicha política por británicos y holandeses. Japón se encontró entonces con una interrupción total en sus suministros de materias primas, en especial de petróleo, cuyas reservas rondaban los 65 millones de hectolitros, con ello dispondría de combustible para un escaso año y medio; el 90% del petróleo que necesitaba provenía de los Estados Unidos y las colonias de Los Países Bajos. No sólo cesó el suministro de petróleo al Japón, de hecho la primera medida, (de no escasa importancia) se inició desde septiembre de 1.940, por la que también fueron cortados los suministros de chatarra y acero. Ahora bien, hay que tener claro que el tratado comercial firmado entre Japón y los Estados Unidos en el año 1.911 había acabado muy oportunamente en enero de 1.940. La nación americana era libre de no renovar a los deseosos nipones dicho tratado, legalmente hablando. El Imperio del Sol Naciente pudo a ver llegado a un acuerdo con los Estados Unidos, pero aceptando las condiciones americanas, a saber; el abandono de toda China, entre otras. No obstante el Imperio Japonés no iba a hacer tal cosa, esto era algo impensable, algo bien conocido por ambas partes. Esto dejaba sólo un único camino honorable al Imperio Japonés, y claro esto también era notorio para todos.
     El 31 de julio de 1.941 el Emperador Hirohito fue informado por el almirante Nagano, Jefe de Estado Mayor de la Marina de lo último acerca de esta explosiva situación. La cosa estaba clara, o Japón se hacía con las fuentes de petróleo de las colonias holandesas y parte de las británicas,  o sus anhelos de gran potencia serían estrangulados. Hemos de tener en cuenta que los Estados Unidos deseaban los mercados chinos, eso hubiera dejado a Japón en una situación de inferioridad respecto a América… y eso para los dirigentes nipones no era una opción. El Japón se decidió entonces a apoderarse por la fuerza del petróleo que tanto necesitaba; se debía conquistar para ello Sumatra, Borneo y Java, cuya producción de petróleo alcanzaba los 106 millones de hectolitros, dentro de este plan, con el objeto de proteger la ruta hacia Japón se tomarían las colonias inglesas y americanas que la flanqueaban, el Alto Mando japonés calculaba que se debían emplear todos los efectivos de la Marina y la Aviación, así como 15 divisiones del Ejército.
     El 10 de agosto de 1.941 el mejor agente secreto británico;  Dusko Popov, nombre código Tricycle, contó al F.B.I que el ataque a Pearl Harbor sería pronto entre otras cosas. El F.B.I le respondió que su información era:
     “…demasiado precisa, demasiado completa para ser creída. El cuestionario acerca del ataque responde exactamente donde, cuando, como, y quienes nos van a atacar. Si es algo, eso es una trampa”.
     También reportó que un alto oficial naval japonés fue a Tarento a hacer acopio de información acerca del ataque ingles. Toda esta información se entregó clasificada a la O.N.I, (Office of Naval Intelligence).
     El 28 de agosto de 1.941 el Principe Konoye solicitó una entrevista con el Presidente Roosevelt a fin de tratar de aliviar el embargo sobre los bienes japoneses y quizás evitar la guerra, la cual ya estaba siendo planeada por las Fuerzas Armadas Japonesas, pero Roosevelt rechazó la petición. El 3 de septiembre se recibió en Japón dicha negativa por lo que en una reunión de los Jefes de Estado Mayor con el Emperador, éstos trataron de convencerle que el único camino posible era la guerra, y aunque el Emperador vaciló los militares se impusieron y el plan de acción fue aprobado.
     El principal espía de los soviéticos, Richard Sorge informó al Kremlin que Pearl Harbor iba a ser atacado dentro de un margen de sesenta días. Moscú le informo que iba a ser trasferida esta alerta a los Estados Unidos de América. No deja de ser llamativo que todas las referencias a Pearl Harbor en la copia de la confesión de Sorge a los japoneses que se guardaba en las oficinas del departamento de Guerra de los estados Unidos,  (hablamos de una confesión de 32.000 palabras) fueron eliminadas. Estos documentos ya no están disponibles como deja bien claro el Daily News, periódico de la ciudad de Nueva York, en una fecha tan temprana como el  17 mayo 1.951.
     El 14 de noviembre de 1.941 toda la marina mercante nipona fue alertada de que las señales de reconocimiento de tiempo de guerra pasarían a ser operativas desde el uno de diciembre. Naturalmente la Office of Naval Intelligence recibe dicha información.
     El 2 de diciembre de 1.941 un submarino holandés pudo seguir visualmente a la fuerza de ataque japonesa durante varias horas cerca de las Islas Buriles. Esta información fue entregada igualmente al Departamento de Estado, más este dato no llegó a las islas Hawai. Estos informes holandeses hoy en día sigue siendo material clasificado bajo la denominación RG 38, Box 792.
Interpretación japonesa:
     La depresión económica mundial afectó a la población nipona que veía con malos ojos a los políticos “moderados” de entonces, sea como sea esta crítica no iba dirigida hacia el emperador. Esta hostilidad creciente favoreció el ascenso al poder de la facción patriótico-imperialista japonesa, que no sólo la conformaban militares, si no ciudadanos nacionalistas comprometidos con el Imperio Japonés.
     Tras la invasión de China por parte de Japón hubo varios roces diplomáticos con los Estados Unidos. Los británicos y sobre todo los americanos mandaron ayuda militar a los nacionalistas chinos del Kuomintang. Luego, como ya he dicho más arriba procedieron a varios embargos de materias primas que afectaron gravemente a la industria nipona: vegetales industriales, metal de desecho, metales no férricos, petróleo…
    
Los japoneses afirman en que las negociaciones con los americanos estos actuaron con insolencia al exigirles la retirada de China y del Manchukuo, algo que sencillamente resultó imposible aceptar para el honor japonés… y los Estados Unidos lo sabían. Por lo demás los embargos anglosajones asfixiaron su industria, así que Japón tenía ante si dos opciones; o un acuerdo diplomático, (algo que el “todo o nada” de la diplomacia americana imposibilitaba) o la guerra.
     Los japoneses enfocan el asunto mostrando a unos occidentales imperialistas y zafios… pasando por alto, claro está que ellos mismos pecaban de lo mismo. Incluso en la actualidad muchos historiadores muestran una versión rosada de la Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental.
Chatarra flotante:
     Lo curioso es que una gran proporción de los navíos hundidos o seriamente dañados en Pearl Harbor fueron puestos de nuevo en servicio, por ejemplo, de los ocho acorazados atacados, todos menos dos fueron reparados. Tres de los acorazados que había en el puerto el día del ataque fueron los de la Clase Nevada: el USS Nevada (BB-36), el USS Oklahoma (BB-37) y el segundo de la Clase Pennsylvania USS Arizona (BB-39). Todos ellos fueron botados antes y durante la Primera Guerra Mundial. Les quedaba pocos años de servicio, y pese a las modernizaciones de los años 20 no se consideraban naves pesadas de primera línea. Los dos acorazados de la Clase Tennessee: USS Tennessee (BB-43) y USS California (BB-44) el fueron botados a comienzo de los años 20, pero también pertenecían a la vieja guardia.
     Muy oportunamente los mejores buques se encontraban realizando diversas misiones en alta mar.
     Al sur de Oahu se encontraban en ejercicios de tiro los modernos destructores Bogas, Chandler, Hervey y Lamberton junto al crucero pesado Minneapolis.
     Al suroeste y llevando a cabo prácticas de operaciones anfibias de desembarco en la isla Johnston los buques: crucero pesado Indianápolis,  destructor Dorsey, destructor Hopkins, destructor Elliot, destructor Lang y destructor Jonson.
     Hacia la isla de Wake se dirigía para llevar para transportar aeronaves el portaviones Enterprise, con el iban los cruceros pesados Northamton, Chester y Salt Lake City, los destructores Balch, Gridley, Maury, Benham, Mac Call, Craven, Fanning, Ellet y Dunlay más una cierta cantidad de buques auxiliares.
    
En dirección a Midway se encontraba el grupo del portaviones Lexington que llevaba aviones para dicha isla. Su grupo lo integraba los cruceros pesados Astoria, Chicago y Portland, los destructores Drayton, Lamson, Porter, Mahan y Fluser, junto a un cierto número de buques de apoyo.
     Tenemos pues que los buques más importantes y modernos estaban fuera de las Hawai cuando se desató el infierno, además los viejos acorazados para 1.942 volvieron a estar en su mayor parte operativos, eso sí, únicamente para labores de apoyo. El ataque japonés arrebató la iniciativo a los Estados Unidos durante un tiempo limitado, luego los americanos la tomarían para sí para no volverla a ceder jamás.
     Es más, el rearme y modernización naval ya había comenzado desde mucho antes de la guerra. Como ya comenté desde 1.938 la Ley de expansión naval de los estados Unidos había permitido desde fechas tempranas poner en las gradas de los astilleros los nuevos acorazados de la clase North Carolina y los South Dakota, navíos que estaban a punto de ser botados.
     No.
     El ataque a Pearl Harbor jamás dejó desnuda a América en el Pacífico.
 
 
Conclusiones:
     Hay abundantes evidencias para pensar que la dirección política de los Estados Unidos deseaba provocar una guerra aparentando ser una nación pacífica. Aquellos que disienten son considerados gente extravagante e ignorante, pero sus críticos no tienen en cuesta los siguientes puntos:
     1).-El ataque por sorpresa forma parte de la cultura y práctica militar desde épocas antiquísimas.
      2).-Las tensión entre los Estados Unidos y Japón a causa de sus deseos económico-imperialistas sobre China anclaban desde el mismo fin de la Guerra Ruso-Japonesa.
    3).-Tras la cesión forzada de la Indochina francesa al Japón comenzó la más alta escalada de tensión entre Japón y U.S.A.
    4).-La no renovación por parte de los Estados Unidos de los diversos tratados de comercio de 1.911, (sumado a las acciones similares por parte de británicos y holandeses) llevó a la economía japonesa hacia colapso.  
     5).-Las exigencias americanas para reiniciar una relación económica estable no pasaban de ser de un mero ultimátum alejado de cualquier lógica diplomática.
    6).-Los militares de los Estados Unidos jamás desconocieron el riesgo de ser atacados por sorpresa por parte del Imperio Japonés como así lo indicaban numerosos indicios.
    7).-Pese a ello las medidas de seguridad en la enorme base aeronaval de Pearl Harbor dejaban muchísimo que desear.
    8).-Sólo las grandes unidades más viejas estaban atracadas en la base en el momento del ataque.
 
Bibliografía:
     Diccionario militar, estratégico y político. Guía para el lector. Fernando de Bordeje y Morencos. Editorial San martín. Madrid. 1.981  
     Introducción a la estrategia. General Beaufre. Ediciones Ejército. Madrid. 1.980.
     De la guerra. Karl von Clausewitz. Editorial Labor. Barcelona. 1.992
    Historia de las Relaciones Internacionales. Siglos XIX y XX. Pierre Renouvin. Editorial Akal. Madrid. 1.982                  
     Historia de la Segunda Guerra Mundial. I. Liddell Hart. Editorial Caralt. Barcelona. 2.000        
     La Guerra de Hitler. David Irving. Editorial Planeta. Barcelona. 1.989
     Diez años y veinte días. Karl Dönitz. La Esfera de los Libros. Madrid. 2.015
     La guerra de Churchill. La historia ignorada de la Segunda Guerra Mundial. Max Hastings. Crítica. Barcelona. 2.010    
    A puerta cerrada. Historia oculta de la Segunda Guerra Mundial. Laurence Rees. Crítica. Barcelona. 2.009
 
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martes, 19 de abril de 2016

Iker y la censura

       
   Este audio: http://www.radioset.es/universoiker/Holocausto-Iker-Jimenez-comentario-CM_27_2120355015.HTML es especialmente interesante en tanto en cuanto el señor Jiménez recapacita sobre una onda realidad, realidad que nos rodea y domina desde hace mucho. Hemos de decir que nos sorprende, porque por regla general en sus programas de radio o televisión Iker no ha tratado estos asuntos. Es cierto que el señor Camacho ha tocado en varias ocasiones cuestiones relacionadas con el control que sufrimos a muchos niveles y ámbitos, pero ha sido de forma dispersa y siempre breve.
El audio que podéis escuchar proviene de la página de descarga de podcast del señor Jiménez llamada Universo Iker. Allí un notable número de intervenciones del famoso periodista del misterio está disponible para quien quiera escucharlas o descargarlas gratuitamente. Para seros sinceros la mayoría no nos ha llamado especialmente la atención, pero algunos podcast sí que han provocado que agudicemos el oído, y por eso uno de ellos lo comentaremos en el blog, seguramente no será el último.
Nos gustó oír de la boca del señor Jiménez que los periodistas han de andar con pies de plomo a la hora de trabajar, y es que la represión en más de una ocasión parte de nosotros mismos. El miedo ha quedar apartado del resto de la manada, del grupo pesa mucho, y hay muchas personas que no aguantaría tal cosa. Consciente o inconscientemente la gente, al menos la mayoría de las personas, (periodistas o no) saben de lo que conviene o no conviene hablar. Los más avispados saben en donde cargar el acento para promocionarse, “ganar puntos” y quedar en una especie de estatus pseudomoral superior.
Iker habla de lo que él denomina “conspiración cotidiana”. A su entender, y creemos que de forma inteligente esta es la más peligrosa. Esto es así porque las pautas cotidianas, las directrices orwelianas (*) del día a día son las que nos convierten en autómatas carentes de sentido crítico, en nubes que viajan a merced de las pautas de un no sé que extraño demiurgo, un Moloch que se sospecha, que se intuye, pero que no se ve.
El imperio de lo políticamente correcto en España va desde el aborto, a la mal llamada “violencia de género”, a la leyenda rosa de la II República, pasando por la educación, el modelo de democracia que sufrimos, el sexismo feminista, la erosión de la familia, etc. Son muchas las señales rojas y pobre de aquel que las cruce… en realidad estas son legión y aumentan mientras más amplio sea el universo mental del crítico.
Me ha sorprendido que el señor Jiménez sacara a la palestra el asunto del ataque terrorista de Colonia, el asunto de la llegada masiva de inmigrantes a Europa y al típico y mortal silencio sobre el asunto. Al señor Jiménez el silencio o la manipulación le produce sorpresa, quizás porque él ha estado pendiente por lo general de otros asuntos, pero para la gente de pensamiento libre, en tanto en cuanto gente radicalmente alternativa no está, ni puede estar sorprendida. Tampoco nos maravilla que comentar ciertas cosas levante chispas y llamas entre amplios colectivos de personas. El lavado de cerebro en este Matrix que vivimos es tan profundo, tan absoluto que en una gran parte la labor represiva la autogenera la propia víctima. Zafiedad, ignorancia, insolencia, escasa personalidad… todas esas variables se juntan para facilitar la labor a las “manos negras” de las que nos habla el señor Jiménez. Incluso el crítico está infectado del mal que va conociendo, o comienza a vislumbrar.
El niño árabe muerto en una playa turca impacta, es emocional. No importa que mueran miles cada día, (en la misma Europa fallecen de múltiples y truculentas maneras una enorme cantidad) ni que el cadáver hubiera sido manipulado por el fotógrafo para conseguir una toma más impactante, ni que el padre en última instancia fuera en gran medida responsable de la muerte del niño. Nada de eso importa, lo que importa es la emoción, el inteligente uso de las pasiones humanas para conseguir que una gran porción de la población deje de lado sus capacidades racionales merced a la masiva repetición y al miedo a ser atacado o desplazado por el resto de la comunidad. El mismo Iker no puede dejar de pensar en la imagen del niño muerto en la playa. Es ciertamente desagradable, (la muerte física implica destrucción) pero centrándonos en el sentimiento perdemos una gran porción de nuestra libertad, o lo que es lo mismo, de nuestra dignidad.
Sin ánimo de importunar al señor Jiménez… gratuitamente, éste no duda en remar en la dirección correcta cuando afirma que quiere a la gente por igual, que todos somos iguales, sin importar religión y raza. No obstante sí que importa la procedencia, el ser de las personas. El hombre Occidental intenta ser diluido en una masa amorfa por parte de esa inteligencia, de esa mano negra, de ese oscuro demiurgo que parece actuar independientemente de los designios humanos, por medio quizás, (disculpadnos la licencia metafísica) de inspiraciones no siempre humanas. Por medio del Materialismo, el Mundialismo, el Internacionalismo, el Individualismo y otros “istmos” se ha intentado eliminar particularidades e incluso esencias humanas elementales. Esas doctrinas intentan homogeneizarnos, convertirnos en átomos, en meros números despersonalizados, intercambiables, no sujetos a valores supraindividuales. Ya no hay esposos, ahora hay parejas, ya no hay padres, ahora hay progenitores… El diccionario orweliano de “neolengua” (“Newspeak”) se hace cada vez más y más pequeño, y el universo mental de millones de personas más mezquino y alejado de lo que es en esencia lo humano, el raciocinio.
Los Humanistas no creían que los hombres fuesen una masa amorfa, creían que los humanos eran variados y que esa diversidad era mucho más que mera estética. La diversidad, (otra palabreja que la “neolengua” ha prostituido vaciándola de su significación original) no existe para surtir parque temático alguno, para que anodinos o estúpidos burgueses, temerosos de sus miedos más profundos divaguen y dilapiden el no tan amplio tiempo del que disponemos. La diversidad llega a dar sentido a las mismas vidas, es la conciencia del ser, el conocimiento, aunque sea muy genérico de la misma meta. El hombre moderno sabe bien poco, pero es lo suficientemente soez y soberbio para llenarse la boca de palabras huecas… una forma de huir de la angustia, del miedo al dedo acusador, o a su propio vacío. No diré que en ocasiones Cuarto Milenio ha hablado de temas polémicos, sin duda lo ha hecho. Pero evidentemente no es un programa semejante a la Clave de Balbín de los ochenta y noventa. Es más, una Clave de Balbín no puede existir ya. No obstante una Sexta y una cadena Cuatro sí… mensajes en su esencia sospechosamente homogéneo.
Es todo tan compacto, tan poco fluido, el temor se palpa.
A veces la respuesta agresiva es inconsciente, pero en la mayor parte de las ocasiones es muy consciente. Incluso las personas más iletradas tienen cerebro y son capaces de usarlo. Pero que cómodo es seguir la pauta, el pasar desapercibido.
El señor Jiménez en más de una ocasión, cuando los invitados trataban asuntos polémicas se ha apresurado a decir que eso son opiniones de los invitados, no la suya. Y no nos referimos únicamente a afirmaciones del tipo de que el hombre no llegase a la Luna, no, si no a temas políticos, como en la declaración de Cubillo sobre el asunto del aeropuerto de Los Rodeos… Al final todo el mundo conoce las líneas rojas y vela por sus intereses.
Pero hay que ser justos. Íker cada vez se moja más, o eso es lo que creemos. Un ejemplo fue el programa en el que tocaron la extraña dictadura de Corea del Norte, ahí pudo comprobar lo que implica cruzar las líneas rojas, aunque sea sólo por algunos centímetros. Bueno, eso es lo que pasa cuando se pasa del misterio a la política, uno se mete en otro planeta, el planeta de las minas… Uno pasa de ser un “friki” más o menos divertido al que se le soporta, a un “puto facha”. Así que el señor Jiménez tendrá que elegir. O volver, al menos parcialmente a las cuestiones del misterio como la parapsicología, (dudo que vuelva a contar con Santiago Vázquez… una broma) o seguir palpando el terreno en el planeta de las minas. Imagino que en un principio hará lo que más le agrade y luego lo que más le interese, al fin y al cabo ya no está él sólo.
La presión del medio no siempre es inconsciente, en no escasa medida es consciente, esto conviene tenerlo muy claro. Yo tengo un dicho, una de mis frases lapidarias, (no tengo muchas), a saber:

 La gente no es que no se entere, es que no se quiere enterar”.

 Naturalmente no cuento las escasas excepciones.
Es cierto que el mensaje del Demiurgo, de la Mano Negra pueda parecer cambiante, pero no lo es. En realidad lo que ha ocurrido es que unas estructuras han cambiado por otras. Se trata de un gradual descenso a los Avernos.
Íker habla de un “Gran Virus”, “Una Gran Red”… ¡Me gusta mucho esas definiciones! Tiene el don de la palabra, eso es innegable. También me agrada que haya llegado a comprender que en la historia humana influyen variables que no son fácilmente mensurables. Esto, amigos, es introducirse en la metahistoria, otro gran tabú del Mundo Moderno.
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(*).La neolengua o nuevahabla, (Newspeak) es una lengua artística que aparece en la novela 1.984, de George Orwell. Al final de esta novela aparece un apéndice titulado Los principios de la neolengua, donde se explican los principios básicos de la misma. La neolengua no es más que una versión extremadamente simplificada del inglés, (aunque en las traducciones de la obra se suele simplificar el idioma al que se traduce para evitar confusión), y es uno de los pilares básicos del régimen totalitario del Partido. El objetivo de crear tal lengua era sustituir a la viejalengua (Oldspeak), es decir, el que para el lector sería el inglés actual, para así dominar el pensamiento de los miembros del Partido, y hacer inviables otras formas de pensamiento contrarias a los principios del Ingsoc, (lo que en el libro se conoce como crimen del pensamiento, crimental o ideadelito/ideacrimen, dependiendo del traductor del libro). Por ejemplo, para evitar que la población desee o piense en la libertad, se eliminan los significados no deseados de la palabra, de forma que el propio concepto de libertad política o intelectual deje de existir en las mentes de los hablantes.El vocabulario se reduce al mínimo, hasta tal punto que palabras como malo se convierten en nobueno, (Ungood), y terrible se convierte en doblemásnobueno, (“Doubleplusungood”). De hecho, un buen hablante de neolengua es aquel que necesita menos variedad de palabras para expresar una idea. La idea de neolengua como forma de hablar para controlar y definir el pensamiento de la población con intereses políticos ha sido y sigue siendo un tema de actualidad y de interés moral. Muchas personas ven en el lenguaje políticamente correcto un ejemplo claro de neolengua en el mundo real.

 Extracto del artículo de Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/Neolengua

miércoles, 24 de febrero de 2016

Objetivo:Estados Unidos.Adolf Hitler y el mundo (VII)




No veo mucho futuro para los estadounidenses. A mi entender se trata de un país decadente

Adolf Hitler, 01-07-1.942

 La percepción que tuvo el Gobierno alemán durante la etapa nazi de los Estados Unidos estaba tan equivocada que en no poca medida contribuyó a la caída del III Reich, (Hitler llegó a lamentarse por haber caído ante las provocaciones de la Armada estadounidense declarando la guerra a dicho país).  En cierto sentido, Alemania no tenía una opinión rígida acerca de la más poderosa nación americana, pero lo que en realidad importaba era la idea que tenía el Fhürer. Hitler estaba plagado de ideas preconcebidas acerca de los pueblos y naciones, cuando la batalla de Kursk se fue torciendo para Alemania el Führer admitió que no entendía como un pueblo tan primitivo podía, (en referencia al arma blindada) crear máquinas de guerra de diseño tan competente. Es curioso comprobar como durante la década de los veinte Hitler opinaba que los EEUU era un gigante dormido que en caso de despertar haría ostentación de un gran poder en la lucha por la dominación mundial. ¿Acaso sus éxitos le cegaron?
Ni Hitler, ni un porcentaje realmente grande de alemanes pudieron aceptar la idea, la realidad de que la Alemania del II Reich había perdido la Gran Guerra. Para muchos la falsa teoría de la puñalada por la espalda sirvió para autoconvencerse de que la causa de su derrota fuera exógena… ¡y lo era!, pero por una razón más prosaica: el bloqueo naval aliado. No hubo traición, (al menos masiva) lo que sí ocurrió es que la gente pasaba unas penurias espantosas por la falta de alimentos y otros bienes imprescindibles. La retaguardia estaba hecha, desde el punto de vista de la moral unos zorros. Los soldados convalecientes o de permiso volvían al frente con el virus del derrotismo en sus mentes, trasmitiéndolo en las trincheras a más velocidad que la mal llamada “gripe española”, enfermedad que no tardó en matar a más gente que la misma guerra, pues se cebó sobre una población ya debilitada principalmente por el susodicho bloqueo. Cuando las renovadas tropas de los aliados atacaron con todo su poder el frente colapsó. En la teoría de la puñalada por la espalda los malos de la película fueron los revolucionarios comunistas, (efectivamente estos calentaron las aguas, aunque no fueron la causa directa del problema, sólo una variable posterior más) y los políticos corruptos, (alguno que otro había, eso también era cierto) Los grupos nacionalistas alemanes abundaron en esta teoría, y evidentemente el partido nacional socialista.
El comandante de la fuerza expedicionaria estadounidense, el general John J. Pershing al enterarse de los términos del armisticio comentó que lo que le producía temor es que Alemania no tuviera conciencia de haber perdido la guerra en el campo de batalla, y que eso en un futuro pudiese tener consecuencias desagradables. Él creía que hubiera sido recomendable proseguir las hostilidades un poco más para dejar claro a la nación alemana que había perdido la guerra. Evidentemente el generalato alemán sabía que el mito de la puñalada por la espalda era un sinsentido,   de hecho también lo sabía la mayoría de los líderes nazis… pero el bulo cumplió un papel, ayudar a catalizar la opinión nacionalista alemana. Como dijo el general Pershing también dio lugar al mito del indestructible ejército alemán, y el no reconocer la superioridad de las fuerzas aliadas. Ahora bien, tras la Segunda Guerra Mundial los Aliados sí que hicieron un buen trabajo de reamueblado mental… tan bueno que aún perdura, incluso a una escala planetaria.
Cuando Hitler se percató del terrible poder industrial y humano de los EEUU ya era demasiado tarde, Alemania ya le había declarado la guerra al coloso. Desde mucho tiempo atrás muchas potencias subestimaron la capacidad de los EEUU para hacer la guerra, un ejemplo sería la misma Guerra de Independencia de los Estados Unidos… aunque en este caso la ayuda franco-española fue determinante, pero tenemos otras, como el conflicto que hubo entre los Estados Unidos y España, (en este caso España era un país que en muchos aspectos había perdido contacto con la realidad). En España se llegó a afirmar que desde que los buques de guerra españoles dispararan contra los estadounidenses los tripulantes pondrían pies en polvorosa, principalmente porque eran gentes de muy diversas nacionalidades, un auténtico caos. La realidad acabó imponiéndose dolorosamente.
La opinión de que los Estados Unidos era una nación debilitada como consecuencia de la diversidad de su composición racial saldría de nuevo a la superficie entre los líderes nazis cuatro décadas después. En su historia social de la Alemania nazi, Richard Grunberger dejó por escrito la opinión que tenían muchos líderes nazis de los Estados Unidos como una nación políglota, una comunidad mestiza descendiente de los proscritos y la escoria indeseable de otras sociedades europeas.
Alan Bullock afirma en su obra que la principal razón por la que Hitler se apresuró a declarar la guerra a los Estados Unidos de América después del ataque japonés a Pearl Harbor, fue el considerar que la mezcla de razas en su población, así como la libertad y la falta de disciplina en sus vidas no les favorecería en la lucha. Esto predispuso al Fhürer a considerar a los EEUU como otra democracia burguesa decadente, incapaz de cualquier esfuerzo militar sostenido. No obstante, al señor Bullock se le olvidó comentar las insistentes protestas de la Kriegsmarine acerca de los ilegales ataques de los destructores estadounidenses a la flota submarina alemana.
Otro adversario, el más reciente que subestimó al pueblo estadounidense y luego pagó severamente por ello fue el líder terrorista islámico Osama bin Laden, aunque hay que admitir que acerca de los ataques del 11 de septiembre del 2.001 hay muchas incógnitas y piezas que no encajan, y eso sin contar las acciones posteriores.
Lo cierto es que el pueblo americano adolece de ciertas taras, no obstante las propias de las que adolecieron sus enemigos, más su potencia económico-industrial, (que en realidad es lo que importa en la guerra moderna) y sus virtudes, (que también las tiene) ayudaron definitivamente a sus victorias… junto al Destino, que por alguna razón les ha sido favorable en más de una ocasión.
Durante su vida, Adolf Hitler escribió dos libros en los que se recoge su visión de las cosas. El más famoso fue el Mein Kampf, (Mi Lucha) que acabó por convertirse en la mal llamada biblia del Partido Nazi. El título original que el futuro Fhürer había puesto a su obra fue “Cuatro años y medio de lucha contra las mentiras, la estupidez y la cobardía”,  pero su editor, el miembro del partido nazi Max Amann consiguió convencerlo para acortarlo por evidentes razones de marketing.  Realizado en su mayor parte durante su estancia forzada en la prisión de Landsberg la obra salió a la luz en dos volúmenes. El primer volumen fue publicado en el otoño de 1.925 y el segundo en verano de 1.926. Aunque en un principio estos libros, que juntos sumaban casi 800 páginas tuvieron un mal recibimiento comercial, el ascenso de Hitler al poder cambió eso. Durante la etapa nacional socialista se exigió a los gobiernos municipales que dieran copias a los recién casados a modo de regalo doctrinal, también a los escolares durante su graduación. El Estado compró así un ingente número de volúmenes, así que Hitler recibió su parte en lo que concierne  a derechos de autor.
Aunque hay pocas referencias a los Estados Unidos en Mein Kampf, en su siguiente libro, escrito en 1.928, pero no publicado hasta 1.961 bajo el título Hitlers Zweites Buch, (El Segundo libro de Hitler) sí que se ocupó de los Estados Unidos de América. Fue aquí donde predijo una futura guerra con los americanos del norte. En su opinión, los Estados Unidos representaba una “amenaza real para Alemania”. Sería necesario un conflicto para hacer frente a este peligro, uno en el que sólo una Europa unida liderada por Alemania podría salir airosa. Una de las obligaciones de los nacionalsocialistas sería prepararse para esta futura lucha. Sea como sea algunas personas niegan que Hitler escribiera esa segunda obra… y es que para gustos colores. Esos críticos afirman que su autoría no está confirmada, por lo que creen que es una obra apócrifa. Se trataría de un falso documento creado con intenciones malévolas, por cierto, algo muy común  entre políticos e historiadores.
A principios de 1.930 la opinión de Hitler acerca de los Estados Unidos había cambiado. Estados Unidos ya no era el poderoso rival. Según Gerhard L. Weinberg una de las razones para este cambio de actitud fue el impacto que padeció la nación americana tras el embate de la Gran Depresión. Hitler pensó que los efectos del colapso financiero mundial en los Estados Unidos eran permanentes. Debido a esto, “Hitler llegó a la conclusión de que los Estados Unidos era realmente un país muy débil”. Naturalmente el Fhürer comparó sus resultados económicos alcanzados en Alemania con los pobres resultados del New deal en los EEUU. Pero sin duda este dato podría llevarnos a pasar por alto una gran cantidad de variables.
Hitler despreciaba la esencia misma de los Estados Unidos, al menos el concepto que tenía él de la nación americana; un país bajo la férula del judaísmo y la masonería, una mezcolanza de razas y una historia y tradiciones pobres. En una ocasión a Hitler se le atribuyó la afirmación de que la obra de Beethoven contenía más cultura que toda la que Estados Unidos hubiera podido producir a lo largo de toda su historia. Dicha afirmación es tan exagerada que dudamos que el propio Hitler creyera en sus propias palabras, si es que es cierto que llegó a hacer tal afirmación, sin duda no fue más que una fanfarronada.
El ministro de propaganda Joseph Goebbels, en noviembre de 1.941, un mes antes de que Hitler optase por seguir dos días después del ataque a Pearl Harbor la senda del Imperio Japonés declarando la guerra a la poderosa nación americana, permitió el estreno de una película llamada  Un paseo por América, film en el que él tuvo mucho que ver, como en la mayoría de las creaciones cinematográficas germanas de aquella época. Este corto sólo duraba un cuarto de hora, proyectándose en las salas de cine de casi toda la Europa dominada por Alemania. La película pretendía mostrar al presidente Roosevelt rodeado de sus "secuaces" judíos en el Congreso de los Estados Unidos. Aparecen  huelgas que son reprimidas con extrema dureza, una masa de viviendas precarias y deprimentes, informes de suicidios en masa y grotescos bailes protagonizados por negros estadounidenses. La película incide que en que los Estados Unidos están dominados por el elemento judío.
Lo cierto es que independientemente de que los negros gusten bailar asiduamente sus pintorescos bailes, que el liberalismo no haya favorecido demasiado las políticas sociales, que en la democracia americana jueguen e influyan poderes no electos por el pueblo, o que el lobby sionista y la masonería posean una influencia notable… independientemente de todo ello, los Estados Unidos de América del Norte era y es una gigantesca potencia mundial militar y económica, y en consecuencia política. Y esto lo sabe cualquier ser humano no afectado de debilidad mental.
Además, había una opinión extendida de que los EEUU iban a estar muy ocupados luchando contra el Imperio Japonés. Consideraban que la prioridad americana era anular la influencia nipona. Los alemanes pasaron por alto las publicaciones del Chicago Tribune o el Washington Times Herald de diciembre de 1.941 en el que se daba prioridad al enemigo europeo, “el primer gran objetivo de los Estados Unidos”. Es llamativo el hecho de que los nazis creyeran lo que más gustaron creer, saltando sobre sus propios prejuicios, pues ellos afirmaban que el lobby judío y el sionismo dominaban los medios de comunicación. En base a esa creencia debieron estar más atentos a las declaraciones de la prensa estadounidense… y efectivamente, la prioridad de los americanos fue derrotar a Alemania, cosa que hicieron tras tremendos esfuerzos.
Por supuesto, no todos los alemanes vieron a los estadounidenses bajo el mismo prisma despectivo, especialmente a los soldados estadounidenses. Esto era especialmente cierto en los germanos que se enfrentaron a los soldados americanos en el campo de batalla. Por ejemplo, en opinión del general barón Rudolf von Gersdorf durante la campaña de las Ardenas de 1.944:

El soldado estadounidense demostró una vez más ser un rival muy digno, bien entrenado y físicamente difícil”.

Claro que no se puede comparar a los soldados de las divisiones aerotransportadas con las más comunes de infantería del ejército. No podemos tampoco pasar por alto las elevadas bajas americanas sufridas por la ansiedad extrema y el descenso cualitativo de muchos soldados alemanes en una etapa tan avanzada del conflicto.
Con el éxito prácticamente asegurado, (o al menos así lo veían muchos alemanes y no alemanes a lo largo de la segunda mitad de 1.941)  algunos nazis comenzaron a imaginar de forma esquemática como sería su mundo ideal de postguerra. Dentro de esta visión ocupaba un lugar preponderante una poderosa flota de alta mar de 25 acorazados, 8 portaaviones, 50 cruceros, 400 submarinos, 150 destructores y otros buques. La cuestión era para que deseaba el Fhürer tanto navío, tanto poder marítimo. ¿Para defenderse de otras grandes potencias como la estadounidense? ¿O porque tenía más planes de naturaleza imperialista?

El 11 de diciembre de 1.941, ante una multitud de eufóricos diputados nazis, Hitler hizo su pública su declaración de guerra contra los Estados Unidos en el recién reconstruido Reichstag. Afirmó que daba inicio una lucha histórica “decisiva no sólo para el futuro de Alemania, sino para el conjunto de Europa y del mundo”.
Aparentemente la razón fue el ataque del Imperio del Japón a la base estadounidense de Pearl Harbor en diciembre de 1.941, pero en su decisión intervinieron más factores. Uno de ellos fue el hecho de que los destructores estadounidenses atacaban a los sumergibles alemanes sin previa declaración de guerra. Esto se trataba de un acto ilegal a todas luces… curiosamente de esto se habla muy raramente en los libros de historia. Sin embargo en las memorias del Dönitz se deja muy claro. Otra razón de naturaleza general gravitaba en torno al hecho de que en los Estados Unidos dominaban las influencias decisivas que dominaban. Sin caer en teorías conspirativas resulta más que evidente que ciertos grupos de poder en los Estados Unidos de América no tenían a los nacional socialistas como santos de su devoción. El colectivo sionista-judío que amasaba un gran poder, (muchísimo en prensa y en el mundo del cine) y la masonería estaban decididos a terminar con el experimento nacional socialista alemán. Esto era conocido por Hitler y los suyos, así que era factible un futuro conflicto armado.
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