Lectores asiduos

viernes 17 de junio de 2011

El asedio de Brest (VIII). Una fe fanática.


video

.
La defensa de la fortaleza de Brest fue tan acérrima que cogió totalmente por sorpresa al bando alemán. Aquí quedó bien claro que la moral en la guerra es el valor superior, por encima del cuantitativo o el tecnológico, (salvando las evidentes limitaciones).
El comandante de la 45 división de infantería austriaca, el general de infantería Fritz Schlieper escribió a sus superiores el siguiente informe:

“-Me ha sido imposible tomar las posiciones enemigas con los medios de los que dispongo puesto que el fuego enemigo de fusilería y ametralladora está situado en posiciones muy organizadas y bien parapetadas, (posiciones de tiro ocultas y en medo arco). Sólo veo una solución, rendir a los soviéticos por hambre y sed. Usamos todos los medios disponibles para agotar al enemigo. Por ahora todas las ofertas de rendición han sido rechazadas”.

El general Schlieper escribió sin tapujos acerca de la crudeza de los combates y de la capacidad de sacrificio de los combatientes soviéticos:

“-El 81 batallón de ingenieros de combate recibió la orden de proceder a la voladura de un edificio situado en la isla central del complejo fortificado enemigo… Con el fin de poner fin al fuego de flanco efectuado desde la isla norte realizado contra nosotros. Los explosivos fueron introducidos por las ventanillas desde el tejado del edificio. Cuando se detonaron las mismos fueron audibles los gritos y lamentos del enemigo, pese a ello siguieron combatiéndonos”.

El capellán militar Rudolf Gschöpf escribió:

“-Sólo fue posible avanzar poco a poco merced a una lucha desesperada y cruel. Por ejemplo, la guarnición del edificio de la isla central denominado la “Casa de los Oficiales” sólo cesó cuando la casa colapsó debido al fuego de nuestra artillería. La resistencia no se extinguió hasta que sucesivas explosiones arrasaron los muros del edificio. Hasta que no quedó ni un combatiente con vida”. (1)

Los alemanes acabaron por usar armas devastadoras, algunas incluso innovadoras, como el Nebelwerfer 41. Un lanzador de cohetes múltiples de 6 tubos de 150 milímetros. Sus proyectiles tenían un amplio margen de error, pero eso era compensado por el fuego de saturación y sus efectos devastadores, sobre todo sobre la moral. El Nebelwerfer 41 no sólo disparaba munición explosiva sino lacrimógena. Este tipo de gas no estaba considerada arma química, así que los alemanes la usaron para causar a los bolcheviques problemas respiratorios, al parecer sin mucho éxito.
El 27 de junio los alemanes atacaron la fortaleza con artillería superpesada de asedio. Un mortero de 540 milímetros capaz de disparar proyectiles de 1.250 kilos antihormigón, y dos morteros Karl-Gerät de 600 milímetros cuyos proyectiles de 2.000 kilos causaban cráteres de 30 metros de diámetro. Su onda expansiva era tan brutal que era capaz de reventar los pulmones de los defensores, aunque éstos se encontrasen parapetados.
Cuando los defensores rusos fueron aplastados quedó grabada una inscripción en un lienzo de pared del acuartelamiento del 132 batallón del NKVD que haría historia.
Esta rezaba:

¡Me estoy muriendo pero no me rendiré!
¡Hasta siempre, patria!
20-07-41

Como el amable lector podrá adivinar nada que ver con el estado de ánimo de la actual aburguesada juventud española. Hubo que esperar 20 años para que la URSS, (tras la muerte de Stalin) reconociera el heroísmo de estos hombres. El lienzo original se encuentra en la actualidad en el Museo del Ejército de Moscú, en Brest lo que hay es una fiel réplica que forma parte del memorando de la Fortaleza Heroica.


-------------------------------------------------------------
(1). Gschöpf, Rudolf. “Mein weg mit der 45. Infanterie Division”. Oberöstereichischer Landesverlag. 1.955.