Lectores asiduos

martes 20 de diciembre de 2011

Barón Robert Friederich Nikolaus von Unger-Sternberg (V). Conclusiones finales

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A la hora de sacar una conclusión relacionada con tan polémico personaje es necesario despegarse de los esquemas ideológicos personales para luego intentar comparar las estructuras mentales del “Barón Loco” con las de la época que le tocó vivir, sumado a sus experiencias personales. Por regla general uno es “hijo de su tiempo”. En mi opinión personal Ungern-Sternberg es, efectivamente un “hijo de su tiempo”, pero además agregó a su recuerdo algo de su propia cosecha.
         No sería serio pasar por alto que la Rusia imperial de fines del siglo XIX y comienzos del XX poseía peculiaridades propias respecto a las potencias europeas del momento. Al igual que las españolas, (recordad la frase “España acaba en los Pirineos”) las élites rusas meditaron largo y tendido acerca de hasta que punto su naturaleza era europea, y la entidad de sus influencias histórico-culturales exógenas. Pese a ello esas diferencias no eran ya, ni por asomo tan acusadas como lo fueron sólo medio siglo atrás. La ideología de la “Modernidad” había calado a esas alturas tan profundamente en las élites rusas, (incluyendo a su aristocracia, a pesar de su costra pseudotradicional) y su clase media, que está fuera de toda discusión que la Rusia del 1.900 ya era una potencia europea en velocísima modernización, y una asumida mentalidad contemporánea. Si hubiéramos importado mediante un rocambolesco viaje en el tiempo a la nobleza rusa de 1.914 a la Rusia de Iván Rurik habrían sufrido un impacto emocional prácticamente semejante que el que experimentaría un "Homo Sapiens Economicus" de nuestro siglo XXI habituado a “jugar” con su computadora personal, o a conducir su carro mecánico ferrado de última generación camino de los vastos centros comerciales.
         En Occidente, (Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos…) se vivía el “sueño” (¿”sueño” para quienes?) de la “Belle époque”. No obstante, se respiraba un hastío, un rechazo a esa visión burguesa imperante. Ideologías antinacionalistas como el tardo romanticismo y el nacionalismo se codeaban con el interés por las ciencias ocultas… mesas parlantes y médiums... éstas, la más de las veces vulgares embusteras. En este mar de contradicciones explosionó la Gran Guerra, un conflicto armado que debido al progreso de la técnica resultó ser algo singular… un aparente callejón sin salida para los profesionales de la guerra.
         Esta guerra, junto a las peculiares condiciones sociales, políticas y espirituales de fines del siglo XIX hizo madurar un nuevo tipo de visión del mundo, una visión que ya se había prefigurado en el siglo XIX a manos de diversas, y un tanto heterogéneas corrientes filosóficas, como por ejemplo el vitalismo. Se deseaba generar un hombre nuevo, un hombre que rompiera con el pasado burgués. En Rusia surgió el marxismo, que no era más que una corriente más de la “Modernidad”, la revuelta del “cuarto estado”; la de los desposeídos.
Con posterioridad en Italia y en Alemania surgió el fascismo. Una corriente difícil de encasillar y que algunos intelectuales consideran “reaccionaria” y otros, pese a ciertos “dejes pseudotradicionales” de estas corrientes es otro hijo, (aunque un hijo “raro”) de la “Modernidad”. Como afirma Roger Griffin en su obra “Modernismo y fascismo. La sensación de comienzo bajo Mussolini y Hitler”.
         En ese mundo convulso nació Ungern-Sternberg, un individuo peculiar. Por aquel entonces en la educación de los hijos se hacía uso de la mano dura. Desde muy joven se sintió inclinado a la negación rotunda de lo “burgués” y todo lo que implica: apariencias huecas, fariseísmo conceptual, materialismo mezquino, subjetivismo en lo relativo a las antes indiscutidas realidades y valores supramateriales…etc. En eso, como ya hemos dejado escrito más arriba no había nada de peculiar, se trataba del deseo de crear… o recrear un  nuevo futuro…lo curioso, lo “anómalo” es que él de lo era partidario era reconstruir el pasado mítico de la humanidad.
No obstante, tampoco en esto Ungern-Sternberg destacaba por la innovación o una encasillable singularidad. Desde el siglo XIX, sobre todo en su último cuarto en amplios sectores de las sociedades occidentales se sentía una romántica atracción por Oriente, (principalmente China y  la India) y naturalmente sus tradiciones. Estas tradiciones, (como pasa en la actualidad) fueron la más de las veces falseadas o adaptadas al capricho de la “clientela” occidental. Por otra parte, ese gusto por la estética tradicional (desvirtuada de su auténtica significación) tampoco le era extraño a los movimientos pseudoespirituales como la teosofía. Estas corrientes tuvieron su papel en la génesis de ciertos círculos del fascismo. En este punto el nacionalismo y la más de las veces óptica prefabricada del pasado hizo su trabajo.
Su actitud amante del riesgo, la glorificación del la figura del guerrero, de la vida sujeta a la adversidad en donde el “héroe” se forja en cuerpo y alma, todo ello es netamente vitalista. Estos pensamientos lo compartirían gran parte de los combatientes de los “Freikorps” alemanes y los camisas negras italianas del fascio, los “Camicie nere. Esa mentalidad queda plasmada en la obra de Ernst Junger, (combatiente alemán en la Primera Guerra Mundial) “Tempestades de Acero”. También incluiría a muchos de los endurecidos combatientes bolcheviques, pese a su ideología absolutamente materialista.
La siguiente cita de Ernst von Salomón, jerarca nazi durante la larga lucha por la conquista del poder deja bien a las claras la opinión que le merecía la mentalidad burguesa:

Es preciso unir a las juventudes comunistas y hitlerianas y con ayuda de esos batallones unidos mandar al diablo a los ladrones de la gran industria y las finanzas con su apéndice corrupto de ordenanzas de mierda y de cagadores en florero y luego establecer como ley suprema, la única ley decente, la camaradería… Y puedes llamar a eso marxismo, socialismo, fascismo, nacionalbolchevismo… me importa una mierda”.

Respecto a la salud mental del Ungern-Sternberg… bueno, el universo mental del ser humano es una realidad muy compleja. Ni siquiera los más brillantes psiquiatras se atreverían a afirmar que conocemos todo acerca de la mente. En la actualidad, acusar a cualquiera de loco es una táctica muy recurrida, la frivolidad es en este campo total, (existen muchos psicólogos y psiquiatras frívolos y carentes de una notable humildad). Quienes suelen recibir estos adjetivos suelen ser las personas “diferentes”. Recuerdo cuando en la película Doce Monos la psiquiatra acusa a sus colegas de hacer uso de su profesión del mismo modo que la Inquisición en el Medioevo y el Renacimiento. Ellos, el nuevo “sacerdocio” de la bata blanca usaba sus veredictos para decidir quién era válido y quién no. ¿Qué es lo normal? ¿Dónde está la verdad? ¿En nuestra forma de vida, en nuestras pautas… en nuestras mentiras? Y sin embargo los hombres del pasado no lo creerían así.
En mi opinión el “Barón Loco” no estaba en sus cabales… pero si me preguntáis hasta que punto yo os diría que no lo sé. No sé si estaba tan loco hasta el punto de no ser dueño de sus actos, muchos de ellos producto de una mente víctima del odio, el desequilibrio causado por la errónea interpretación de valores inmortales, (si no son inmortales no serían valores) y un ego hiperdesarrollado. También creo que sus experiencias vitales, (las guerras, la educación familiar, su relación con los padres, su genética y estructuras mentales adquiridas por el libre albedrío, a pesar de la fuerza de las influencias externas) lo fueron moldeando hasta ser gran parte lo que fue. Pero todo eso no puede hacerlo una especie de compleja máquina biológica irresponsable, Ungern-Sternberg era humano, tenía capacidad de elegir… y elegía.
El “Barón Loco” era un hombre cruel. Esa deshumanización tuvo mucho que ver con su trágico fin. Fin que él se encargó de encajar heroicamente, sin colapsarse. Esa actitud ante su particular caída del telón dice mucho del sujeto.